El no año de las mujeres

viernes 16 diciembre 2016

Hace unos días, tras conocer que Ángeles Mora se hacía con el Nacional de Poesía, compartía mi alegría en las redes con un hashtag que a lo mejor fue poco oportuno #Elañodelasmujeres  Una poeta a la que admiro mucho, me recriminaba mi opinión: ‘Sí, poco a poco sí… pero la euforia me parece que resulta engañosa, y que maquilla la realidad’. (sic)

Quedé un poco entristecido tras el intercambio de tweets. Entendía perfectamente lo que me quería decir, pero también creo que anular la alegría ensombrece la realidad, que al final es lo mismo que maquillarla. Me llegó a decir una persona muy allegada a mí que había hecho una clara acción de ‘machismo positivo’,  que no nos debemos alegrar si un premio de esa índole recae en un hombre o en una mujer, nos tenemos que alegrar si es justo, solo eso. Pero la realidad es que la cultura en España, como en el resto del mundo, está dominada por el hombre. Son muchas las mujeres que se encuentran con obstáculos constantes a la hora de emprender y desarrollar su carrera artística y creativa por el simple hecho de ser mujer. Pero también, creo que se han creado herramientas o plataformas para visibilizar sus trabajos o apoyarse entre ellas por el simple hecho de ser mujer, que nos lleva irremediablemente a algo perverso, no puedo evitar reconocerme en esta afirmación, espero que no se me malinterprete. No podemos olvidar que todas y cada una de ellas encuentran dificultades para publicar, montar sus obras, ser programadas, encontrar galerías para exponer, estrenar sus películas… Y nos tenemos que alegrar de que puedan hacerlo, con todas las dificultades que nos encontramos todos y añadiendo las que se encuentran solo ellas por el simple hecho de ser mujer. Sí, porque ellas se topan con la discriminación de una cultura gestionada en su mayoría por hombres. Y por ello me es inevitable aplaudirlas. Pero parece que es incorrecto hacerlo, porque desde el lugar que ocupo como hombre aplaudir sus laureles es colocarme en un lugar por encima de ellas y puedo herir la sensibilidad de muchas que han luchado por ocupar su propio lugar sin ayuda de ningún hombre. Algo que me parece cínico. Es como decir que un hombre no puede ser feminista. Sería igual que si  alegrarme por la cada vez mayor visibilidad de la literatura negra en Estados Unidos fuera un acto de racismo positivo. La realidad es que estamos demasiado sensibles con el tema en vez de sensibilizados, por ambas partes lo digo.

Uno ya no sabe qué pensar, ni qué decir. Y ya si aplaudo la trayectoria de un compañero o un creador de abierta homosexualidad, desde el lugar que ocupo como gay, estoy generando un ‘lobby gay’ en la profesión y en la cultura que va en decremento del desarrollo del resto de creadores. ¿Nos estamos volviendo locos o qué? A mí me gustaría que las generaciones que vengan detrás, tengan todas las mismas oportunidades, independientemente de su sexo o condición sexual. Pero hasta entonces debemos hacernos eco de los logros. Y a mí me gusta hacerme eco con alegría. Con euforia. Me alegro que Lola Blasco, Concha Velasco, Isabel Muñoz, Cristina Fernández Cubas, Ángeles Mora y Marta Minujín tengan este 2016 un Premio Nacional de Cultura. Y que Carmen Portaceli sea la primera mujer en dirigir el Teatro Español y sea en el 2016. Y que el Premio Luso-Español de Arte y Cultura también recaiga en una mujer, en Pilar del Río. Y que sea una mujer la que retoma la gran labor que hace la revista Primer Acto. Y que un premio de textos teatrales cada vez más valorado como el Jesús Domínguez recaiga en dos mujeres: Itziar Pascual y Amaranta Osorio. A lo mejor no es #elañodelasmujeres, pero pueden ser todo estos datos un termómetro de que algo está empezando a cambiar. ¡Ojalá!

Me pasé de euforia. No, no es #elañodelasmujeres. Pero es que creo que la visibilidad se consigue también desde la alegría, desde lo festivo. Y no por ello estoy ocultando una realidad. No por ello estoy ocultando que aún hoy en los colegios no se lee a mujeres, no estoy ocultando que hay muchas compañeras que no ven sus obras de teatro en escena, no estoy ocultando que ‘Las Sinsombrero’ no tienen el lugar que se merecen. Y ayudaré a reivindicar cuando sea el momento de hacerlo, pero cuando el momento es el de felicitar y alegrarse por otros, me alegraré, no hay que confundir los momentos.  Queda mucho por hacer… claro que sí.

Quizás me alegré porque en mi casa ellas siempre han estado presentes y eran una minoría. Y porque lo que se da este año, era impensable en 1989. Quizás yo lo vea diferente porque en mi casa de pequeño leía a Lorca y a Gloria Fuertes sin pensar que uno era hombre y otra mujer. En la pequeña biblioteca que había en mi salón estaba Nada de Laforet, Entre Visillos de Martín Gaite y El Camino de Delibes. Entre las cintas VHS estaba El Perro del Hortelano de Pilar Miró y Demonios en el jardín de Gutiérrez Aragón. No porque una fuera directora y otro director, sino porque ambas películas gustaban en mi casa. Uno de los primeros cuadros que recuerdo entre las láminas que mi madre tenía era Un Mundo de Ángeles Santos. Ellas estaban presentes en mi casa por sus trabajos, no por su condición de mujer. Ya se encargaron mis padres de que estuvieran.   Estuvieran de forma alegre. No por eso me hicieron creer que ellas tuvieron las mismas oportunidades que otros. Pero gracias a que ellas estaban, me enseñaron que luchando uno consigue sus sueños. Que las adversidades existen, pero se superan. Me hicieron entender que poco a poco otro mundo es posible. Espero que dentro de pocos años pueda decir de verdad que es #Elañodelasmujeres y que no me ponga triste al alegrarme por lo que con tanto esfuerzo han conseguido ellas: las mujeres.

 

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