Rotura

lunes 30 octubre 2017

No andaré con rodeos ¿Puedes decirme por qué has hecho todo esto? ¿Qué has conseguido? Sí, te lo digo a ti. No escurras el bulto.

–  Hagamos un silencio musical – Sé que te gustan, son como puntos fijos suspendidos en la nada. Copos de nieve que hipnotizan y dejan frío.

¡Vamos! Este es tú momento, tienes ese tiempo entre nota y nota para pensar. Podemos alargarlo todo lo que quieras, pero seguirá esperando la sombra.

¿Hay miedo de escudriñar la oscura caverna de los secretos? ¡Anda siéntate! Pon música. Incluso algo de beber, porque levantar la costra profunda te dirigirá a la libertad del Kamikaze.

En el fondo sabes las respuestas sin esas preguntas, pareces necesitar las palabras propias para poder arrancar. Se antoja difícil cuando todo está oculto, manipulado…

Detente y deja de dar vueltas alrededor de la hoguera ¡No marees más la vida! Te aseguro que viene agitada por defecto. Sé que el calor de ese rincón es agradable, es la mano de un padre, aunque por mucho que ilumine la fogata sabes que no está ahí lo que buscas.

¿Qué pasa contigo?

¡Por favor! Te suplico de nuevo que antes de disparar una ráfaga de pensamientos automáticos brotados de la mala hierba, respires un segundo. Te vendrá bien aguarte.

Conoces las reglas, aunque no pasa nada si no las cumples, de perdidos al río. Eso sí, sigue escondiéndolas bajo las hojas del pequeño árbol de casa, su densidad tejida a base de mentiras negarán lo que has hecho realmente. Es un narcótico que evita que te sumerjas en aguas propias, a veces tan putrefactas que esquivas tus conflictos por no romper el trampantojo agradable y superficial de las mismas, pero al abrir las compuertas se envilecen hasta las heces.

Me temo que no es el lugar adecuado para encontrar nada compasivo. Con los años se lo comió el gato, al igual que mi lengua llena de amor.

¿No tienes fuerza? Da medio paso hoy, y termina el otro mañana. Estarás en el único punto que existe, el presente amante de rosas y espinas. Aprende a beber del agua que cae. Quizás las majestades liben por siempre del pico como el polluelo de la golondrina.

¡Perdona! ¿Quién soy yo para decir nada?  Si lo dicen otros es más fácil y autocomplaciente. El sentido crítico lo limo a veces escarbando en un dolor extraño que me hace feliz. Hay que estar atento, porque si ahondas un poco más en el hueco puedes llegar a topar con las líneas maestras que nacen de ti, y eso estremece. Recuerda a la cuchilla abriendo la carne. No tiene piedad.

Cuando se desprende todo hay claridad, si se vacía se puede llenar, así que a volar, ya que perder el ojo para dejar ciego nunca pareció buen fin. Aquí sigo de pie, soy una estaca clavada en la tierra, árbol que se agarra a pesar de los malos vientos que han soplado, y que aprovecho, porque el marinero sin recurso llega siempre a puerto, mis brújulas están decididas a marcar los pasos de hoy.

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