Miércoles de carnaval

martes 20 febrero 2018

El Carnaval de Cádiz, eso es lo de las chirigotas ¿no? Sí, bueno, las chirigotas son una modalidad. Carnaval es todo, la celebración. La libertad.

No tuve la oportunidad de ir a Monte Olympus. Me han contado muchas cosas. La más interesante para mí, la que echo de menos no haber vivido es “la experiencia vital”. Puestos a opinar, la “obra de teatro” me deja algo más indiferente.

Cuando se habla de un espectáculo teatral de larga duración, de emociones, de implicación, de política, de arte en estado puro y de gente comunicando a otra gente y compartiendo su alma hecha canción, cuando se habla de todo eso yo no pienso en Monte Olympus, sino en el Gran Teatro Falla.

¿Cuánto dices que duran las sesiones?

Son como un mes, como si fuera la Champions o el Mundial. Preliminares, Cuartos… Las finales antes eran más largas, ahora solo duran once horas.

¿Once horas de Carnaval?

Sí, eso la final.

¿En qué se diferencia el Carnaval de Cádiz de una obra de teatro? En muchas cosas. El carnaval de Cádiz no es una obra de teatro, es un rito. También se hace en la calle, como se hace el teatro. Si hay dos personas, una que mira y otra que hace, ya hay teatro y hay carnaval.

En los mejores corrales de comedias, incluso en el renombrado Globe se habla de un público implacable. Un público exigente y vivo. Un público libre de alabar o abuchear a los artistas. Los nuevos directores de la escena española han recuperado al público como parte del hecho teatral. Un público implicado en la función, sea con luz encendida o siendo apelado ideológicamente. Un público como el del Teatro Clásico. Un público que tiene todo su derecho a aburrirse y unos artistas que tienen el deber de entretenerlos. Emocionarlos o morir. Un público como el del Carnaval de Cádiz.

Cualquiera que haya pisado un escenario alguna vez, sabe lo difícil que es mantener a un público atento. Cada cual hace lo que puede. Se agarra al método que más le funciona para dejar de pensar y accionar. ¡No pienses, acciona! nos dicen todos los manuales de interpretación y entonces vuelvo al Carnaval de Cádiz, donde un cuartetero, golpeando dos claves como el trovador más pintao, tiene en el bolsillo a un teatro entero ¡y a una plaza si hace falta!

Cierto es y que nadie se asuste, son cosas diferentes. No comparo a Fabre con Juan Carlos Aragón ni de lejos.  No he visto Monte Olympus, este post no pretende criticar la función sino reflejar la comparación ritual de los eventos.

Opino, digo o recomiendo darle una revisión a la forma de expresión de los pueblos que nos rodean. Cuando Peter Brook o Anne Bogart enarbolan la bandera del aprendizaje de culturas primarias, todos asentimos con la cabeza como si fuera La Biblia; en cambio, no valoramos lo que tenemos, yo el primero. Ni entiendo ni he mostrado interés por conocer los modos de expresión de mi alrededor. Lo primitivo nos une, lo diga Peter Brook o un farmacéutico que hace canciones por carnavales.

No es fácil volver a los orígenes porque los orígenes nos enfrentan con nosotros mismos. Uno nunca quiere ser nada parecido a lo que ha estado evitando. Cuando decidimos enseñar aquello que manteníamos oculto, esa parte de nosotros que requiere de aprobación y no la tiene, empezamos a comunicarnos. El Carnaval de Cádiz es la voz de cada individuo que lo hace, de cada individuo que lo disfruta y se convierte por tanto en un lugar común.

¿Qué es todo esto?

Una reflexión sobre que somos una panda de estudiosos mediocres que a veces olvida que lo importante es conectar con la gente.

Y que un teatro culto solo genera lágrimas cultas, como dice Peter Brook.

Y el actor andaluz ya no es tu camarero, cómo dice Antonio Martínez Ares.

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