Cómo se hace una crítica constructiva

miércoles 14 marzo 2018

¿Has visto la obra de un amigo y te gustaría hacerle una crítica constructiva pero no sabes cómo?

¡Tranquilidad! Es algo muy sencillo: siguiendo las pautas que aquí se establecen podrás compartir con los artistas tus sugerencias e inquietudes de manera tan eficaz que seguro que no se molestan y, quién sabe, ¡puede incluso que te hagan caso!

Lo primero es romper el hielo con palabras amables que tiendan al elogio. En el caso de que tu amigo sea un actor que se acaba de bajar del escenario, considera que el tiempo en que la sensibilidad se le recoloque puede ser de hasta dos horas, por lo que, hasta que no se le haya pasado el subidón de adrenalina y el ego vuelva a ser el de un humano común, ni se te ocurra decir nada negativo. ¿Y cómo hacer si todo te ha parecido un horror? No huyas: si huyes lo interpretará de la peor manera. Saluda amablemente y haz comentarios del tipo “enhorabuena por el trabajo”, “es muy intensa”, “se nota que lo dais todo”… Si tu amigo actor no es tonto –y recuerda que lo actores buenos suelen ser muy inteligentes- tendrá claro que no te ha gustado, pero en su corazoncito habrá un latido dedicado a ti por el afecto mostrado en esos momentos tan delicados para su aparato emocional. Si tu amigo es el director, autor, escenógrafo etcétera, el periodo de cautela es menor: lo podemos reducir a unos cuarenta minutos. Y si de la obra te han gustado algunos aspectos y otros no, aprovecha los positivos para destacarlos en esos momentos: tu amigo sonreirá como si le hubieran encajado la luna en la boca.

Hacer algún comentario, ya lo hemos dicho, es imprescindible. Si te tienes que ir porque eres una persona muy ocupada, manda un mensajito dando la enhorabuena y explicando que tu vida es un frenesí. Si no sabe que has ido y no te ha visto y la obra te ha parecido una porquería, entonces sí: ¡huye!

Después de la función, se toma un vino. En ese rato, no tienes por qué decir nada. De hecho, tras la frasecita amable del primer salido, ya no hay ninguna necesidad de que opines. Y aunque creas que puedes aportar claves importantísimas, recuerda: nadie necesita tu opinión. Opinando no le haces un favor a nadie, así que, si no te preguntan directamente, cuida de venirte arriba y soltar por esa boca longanizas de palabras sobre cómo se puede hacer mejor lo que otros han hecho y tú no.

Y si te preguntan directamente, no consideres que te están dando patente de corso. Puedes decir lo que quieras pero no cómo quieras. Si deseas mantener la amistad y adquirir, si es posible, más respeto, sigue estos puntos:

  • Expón lo positivo con entusiasmo.
  • Argumenta lo positivo. Si no logras elaborar un argumento, convierte esa carencia en virtud: ¡te ha dejado sin palabras!
  • Destaca algo muy particular.
  • Cuando te quiera explicar algo, alguna anécdota o lo que sea, cállate y escucha con atención. Al terminar el otro, remata con algo que corrobore la alegría que te han compartido.
  • Lo negativo anticípalo con un prólogo amable y breve: en seguida sabrá por dónde vas y extenderte en los prolegómenos sería contraproducente: ¡ni que el otro fuera un tonto o un susceptible!
  • Argumenta todo lo negativo que vayas a decir. Si no encuentras argumentos, te lo callas.
  • Menciona cosas negativas en particular sólo si el otro te pide algún ejemplo de lo que le acabas de decir.
  • Si crees que el otro no te ha entendido, intenta explicarte mejor. Si por segunda vez crees que el otro no te ha entendido, una de dos: o no quiere entender o sí te entiende pero no está de acuerdo contigo y no eres capaz de aceptarlo. En cualquier caso, no insistas en ese punto.
  • No seas categórico: lo que estás diciendo es sólo tu opinión: aunque esto sea algo obvio, en estos casos es imprescindible explicitarlo.
  • No cierres la conversación con lo negativo, retoma algo de lo positivo como conclusión final. Si no encuentras nada positivo, búscalo, aunque te tengas que agarrar a cosas tan peregrinas como “Tenéis una energía muy bonita”.
  • Recuerda que una crítica constructiva se cimienta en dos principios: comentarios enriquecedores y fortalecimiento anímico. Si sólo hay comentarios enriquecedores, enriquecen menos porque se reciben con aspereza: ¿quién te crees que eres para dar leccioncitas? Si sólo hay fortalecimiento del ánimo, eres un amigo estupendo pero no estás haciendo una crítica.

Y ya está. Así de fácil.

 

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