El final del verano

miércoles 02 noviembre 2016

Hay personas que relacionan inevitablemente el final del verano con el comienzo de año. Para muchos, el año comienza con el curso escolar y el verano se queda como un tiempo establecido en la nada, un no-tiempo, un paréntesis protagonizado por el descanso, la fiesta, la familia, las escapadas y, en algunos casos, la reflexión. Incluso hay familias o grupos de amigos que realizan en septiembre un ritual al estilo cotillón, un encuentro festivo para decirle adiós al verano y para darle la bienvenida al año nuevo, un curso nuevo, una temporada nueva.

Recuerdo que en mi familia, ese encuentro festivo se realizaba todos los años bajo la gran morera que teníamos en la parcela, un terreno con huerto y piscina al que llamábamos, en términos generales, El Campo. Ese día, por mucho que hubieran bajado las temperaturas en la calurosa provincia de Sevilla, todos íbamos al agua al caer la tarde, antes, las sardinas asadas, el partido de vóley, los juegos de cartas bajo la morera, las copas de media tarde nos habían acompañado en lo que serían las últimas horas del verano. Incluso las mujeres se metían de lleno ya en la siguiente fiesta, haciendo flores de papel para decorar las carretas de una romería que arrancaría camino al tercer domingo de octubre. Recuerdo que era habitual que me paseara por ese lugar con la sensación de decir adiós y los ojos puestos en el mañana. En casa me esperaban los libros de textos nuevos, recién forrados, con ese olor hipnótico del estreno y las nuevas prendas del otoño, aunque aún quedaran días de calor. El año nuevo empezaba cuando se reproducían los besos y abrazos de despedida de los que habían pasado las largas tardes de verano a tu vera. Amigos y familiares a los que algunos no verías más hasta bien entrado junio, como por San Antonio más o menos, a algunos no los verías ya hasta San Juan. Y el año nuevo comenzaba con nuevas caras, algún compañero, algún vecino, un profesor que desconoces, lo nuevo se hacía presente y renovaba lo antiguo, el rito del agua en los días de verano era verdad que renovaba, al menos los ojos ponían interés en cosas que antes no se encontraban en tu campo de visión.

Este año tengo una sensación muy parecida a la de aquella época. He sustituido El Campo por las playas vacías de Islantilla y la ruidosa tarde de despedida por la calma que da el vacío y el silencio acompañado de la persona que amas. En casa me esperan nuevos textos que ayudaré a dirigir, un libreto a medio hacer, una obra con mayúscula que me atreveré a meter mano, viajes, proyectos, futuro. Me acompañarán rostros nuevos, compañeros que se irán haciendo amigos en la sala de ensayo y en la posterior oscuridad del entre-cajas. Me reencontraré con otros seguramente, pero será distinto. Y este año nacerá una nueva editorial para las artes escénicas y para las artes en general, en la cabeza una mujer valiente que busca el talento donde otros prefieren no mirar, será el Acto Primero de una, espero, larga función teatral. Un nuevo teatro ha abierto en el barrio, lo han hecho cuatro “kamikazes” y tiene pinta de que se va a llenar de grandes locos artistas, descerebrados que siguen soñando con otro teatro posible, benditos descerebrados. Y en Madrid me espera una cartelera llena de autores vivos: Pequeño Poni, La Piedra Oscura, Idiota, Yorgur-Piano… por decir solo algunos. Las mujeres, que tanto tienen que decir, volverán a tener su hueco en las programaciones públicas, que durante tanto tiempo las tuvo olvidadas: Laila Ripoll, Irma Correa, Carmen Losa… Y vendrán nuevos proyectos, futuro, sueños.

El final del verano ha llegado y este año tengo la misma sensación que aquellos días que nos reuníamos a la sombra de la morera. Esa sensación de decir adiós y los ojos puestos en el mañana. Este año el mañana se me hace más atractivo que nunca, será que el tiempo que acaba ha sido tan bueno que tengo los ojos filtrados por algo positivo, como filtrados de esperanza. Serán las ganas que tengo de trabajar y de que no pare la noria. O será, realmente, que este año, esta temporada, este curso se presenta algo distinto, algo diferente, quizás más nuevo que nunca. Quizás algo está cambiando, quizás algo estamos cambiando. Quizás.

Islantilla, Huelva. Septiembre de 2016.

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