Luis Felipe Blasco Vilches

¿Para qué, señor Marías?

miércoles 25 enero 2017

Hace años empecé una novela de Javier Marías y la dejé a las cuarenta páginas. En ningún momento se me ocurrió decir que las novelas contemporáneas son aburridas, ni siquiera que las novelas de Javier Marías son aburridas: como mucho habría dicho que yo, con aquella novela, me aburrí. Tampoco era algo que fuera comentando por ahí, ¿para qué? Y ésta es la clave del asunto: ¿para qué decimos lo que decimos?

Todo aquel que por una razón o por otra es escuchado –o leído- tiene la responsabilidad de cuidar el contenido de su mensaje. Y como es lógico, cuanto mayor o más sensible sea nuestra audiencia potencial, mayor habrá de ser ese cuidado. Nuria Roca lo explicó elocuentemente cuando Cristina Pedroche comentó detalles de su relación conyugal en unos términos que podían resultar nocivos para algunas de sus admiradoras (ver aquí). Javier Marías ha escrito una columna (ver aquí) que es nociva para cierto sector de sus lectores y, sobre todo, para el teatro. Y lo peor de todo es que lo hace con tono arrogante y afirmando que hace mucho que no va al teatro. La ignorancia es atrevida, sin lugar a dudas.

En su columna da a entender que su gusto responde a cánones muy  conservadores, incluso arqueológicos, y eso no es ni bueno ni malo, pero lo que sí es malo es erigirse garante de la calidad y afirmar que lo que no está dentro de los cánones elegidos no sólo es malo sino además merecedor de sarcasmos. Si fuera un desconocido que gruñe en la barra de un bar me daría penita. Como es un escritor prestigioso que escribe en un periódico muy leído, me da una tristeza profunda y sobre todo rabia.

Javier Marías ha escrito con gran irresponsabilidad. Su texto desanima a ir al teatro; esto es: su texto desanima a participar en una actividad cultural. Y lo hace por discrepancia de criterio con algún director o dramaturgista, o con más de uno, eso es lo de menos. Vuelvo a la pregunta del principio: ¿para qué lo ha hecho? Y todo salpicado con un ataque ridículo a la reclamación salarial de las actrices valiéndose para ello de un símil tramposo. ¿Para qué lo ha hecho?

No voy aquí a replicarle detallando las bondades teatrales que él desconoce, eso ya lo hizo hace más de quince años el egregio Adolfo Marsillach (ver aquí). Se ve que Javier Marías no leyó el artículo, o no lo hizo con la debida humildad.

A lo mejor cree que está diciendo en voz alta lo que muchos piensan. Y es posible que haya muchos ignorantes que piensen algo así. ¿Javier Marías quiere convertirse en portavoz de cazurros? Me parece extraño y penoso. Una columna en un periódico como El País es un lugar privilegiado desde el que lanzar mensajes que ayuden a construir una sociedad mejor, y animar a participar en actividades culturales es una manera de hacerlo. Hacer lo contrario es dar pan a los que alimentan la estulticia. Si aún viviera Millán Astray, aquel que en su día le vociferó a Unamuno “¡mueran los malos intelectuales!”, recortaría la columna de Javier Marías y la pegaría orgulloso en el cuartel.

Javier Marías, con su crítica destructiva, cimentada en la ignorancia y la soberbia, ha metido la pata. Es posible que algún lector suyo estuviera dudando si ir o no ir a ver una obra teatral y finalmente haya dicho “no, que yo no quiero sobresaltos, como dice Javier Marías”. Es posible que su columna haya desanimado a algún espectador potencial que, tal vez, hubiera disfrutado de la obra, y probablemente se le hubiera alimentado aunque fuera solo un poquito el espíritu crítico. No creo que el novelista vaya a sentir satisfacción al saber que alguien no ha ido al teatro gracias a él. O a lo mejor sí, no lo sé. ¿Para eso ha escrito esa columna, señor Marías? ¿Para evitar que sus lectores vayan al teatro? ¿O para que los teatreros despreciemos cualquier criterio que no sea el suyo y hagamos exclusivamente obras dentro de sus cánones? O a lo mejor lo ha hecho sólo para crear cierta polémica y tener algo de vidilla, ¿para eso lo ha hecho? Honestamente, no se me ocurre una razón que no sea estúpida o despreciable, y esto me causa cierta desazón porque, señor Marías, ni de lejos le tengo por un estúpido.

Yo escribo esto para, por una parte, participar en el movimiento de respuesta a su columna, tratando de minimizar el daño que sus palabras puedan hacer a la profesión. Por otra, tengo mucha curiosidad por saber cuáles han sido los motivos que le han animado a ese artículo, y como sospecho que no soy el único con esta inquietud se lo pregunto desde aquí por si en alguna ocasión tiene a bien respondernos. ¿Para qué ha escrito eso, señor Marías?

image
Comentarios sobre ¿Para qué, señor Marías?
Por Eduardo el miércoles 25 enero 2017 a las 11:10:35  

Estando de acuerdo absolutamente con el tenor y tono de su escrito, me permito llamarle la atención sobre el término «dramaturgista». Es de suponer que (obviando la oculta intención de introducir un neologismo —sin argumentación—) haya querido decir dramaturgo. En todo lo demás, repito mi adhesión a su mensaje. Reciba un cordial saludo.

Por Luis Felipe Blasco Vilches el miércoles 25 enero 2017 a las 16:51:55  

No sé hasta qué punto de manera «oficial» pero sí sin duda de manera oficiosa se distingue entre el dramaturgo, que es el que crea obras originales, y dramaturgista, que es el que adapta un texto, bien porque éste no sea teatral bien porque corresponda a una época o entorno sociocultural tan diferente que sea precisa una adaptación. Y como la columna de Javier Marías se centra con especial énfasis en la revisión de los clásicos, entiendo que su desagrado proviene más de los dramaturgistas que de los dramaturgos (según, como ya digo, esa distinción sin duda oficiosa y no sé ciertamente hasta qué punto «oficial», y entrecomillo lo de oficial porque… ¿qué es lo oficial?)

Por Silvia.G el miércoles 25 enero 2017 a las 13:22:13  

Así es…para qué…cuál es el objetivo…A mi también se me removieron las tripas leyendo otro artículo de este «señor». PERROLATRIA.Lamentable la optica desde la que comunica su mensaje.Nada constructivo. Es una pena que un medio de comunicación utilice su «espacio»,su «tiempo»,su «energía» y su «poder» lanzando mensajes que dignifican la estupidez, la soberbia, el odio, la desfachatez, el egoísmo,la ignorancia,…lo vemos a diario,lo escuchamos a diario,lo leemos a diario,…que equivocados estamos en esta sociedad…cuáles son los valores humanos que apoyan estos medios…para qué.

Por Luis Felipe Blasco Vilches el miércoles 25 enero 2017 a las 16:54:19  

Lo que desazona es que, siendo respetable su punto de vista, tan válido como cualquier otro, no comprendo por qué decide exponerlo de ese modo, para qué. No creo que tenga la intención de ofender ni nada parecido, creo que eso ha sido una consecuencia que, tal vez, no le haya importado -lo que me parece una irresponsabilidad- pero, insisto, lo que no logro entender es el para qué.

Por María Vazquez el jueves 26 enero 2017 a las 07:26:00  

Mi error fue leer el artículo de Marías y que se me agriara el domingo. Con lo que me gusta a mí disfrutar del domingo… No entendí ni su pataleta ni mucho menos sus (sin)razones. Creo que el haber mencionado como vara de medir el fútbol (masculino y femenino…ajá) le ha delatado en su concepto de cómo medir la calidad del espectáculo. Y que conste que a mí jamás se me hubiera ocurrido comparar fútbol con cultura no es razón para atacar su argumento. Simplemente, a mí no se me hubiera ocurrido. Y ya.
Lo que no entiendo es cómo alguien a quien se le supone el conocimiento de la literatura como a él critica el hecho de que Glenda Jackson interprete al rey Lear. ¿Acaso la magia del teatro no está en que el genio de los actores te hagan viajar hasta la acción que representan? Parafraseando a su adorado William ¿acaso las galleras no acaban por contener los vastos campos de Francia? La Jackson puede ser el rey Lear, Kent, Macbeth y quien le de la real gana. Eso no es nuevo, ya lo hizo la Bernhard a finales del XIX. Y si tanto respeto pide por la esencia autentica del teatro isabelino, debería clamar porque todo el elenco actoral fuese masculino, y Miranda descubriera un mundo nuevo con perilla, bigote y muchos polvos de arroz en la cara.
En fin, que no me cuadra en esta marco la razon de por qué ha escrito esto. Quizá tenga usted razón y el pobre hombre clame por una vidilla que se le escapa poco a poco.
PD: a mi me pasó lo que a usted. A las 60 páginas de una novela del señor Marías decidí cerrarla para no abrirla mas porque descubrí que no me estaba interesando lo que me contaba, ni como me lo contaba. Pero tampoco le condené. Simplemente deduje que no me había gustado. Y si, era una novela que tomaba un verso de Shakespeare como titulo. Será que solo algunos tienen la potestad de hacer con Shakespeare lo que les viene en gana. Salud.

Por Luis Felipe Blasco Vilches el jueves 26 enero 2017 a las 16:10:28  

Para mí el problema está en la manera de exponer su criterio. Que el teatro «contemporáneo» (las vanguardias tienen un siglo…) le abomine me no me parece mal: cada cual con sus gustos. Lo que me parece mal es el modo destructivo en exponer sus ideas.

Por Concepcion el jueves 26 enero 2017 a las 12:17:04  

Leí el artículo del señor Marías y me chirrió. Gracias al teatro cotemporaneo, muchos se/ nos acercan/mos a los clásicos.
Pienso que lo que buscaba es lo que está teniendo, que se hable largo y tendido de el y de sus obras. Puede que a alguien le pique la curiosidad y se acerque a esas novelas que a ustedes le aburrieron… Simplemente quería un debate y ahí lo tiene. ¿Moraleja? Nunca más comentarle un u artículo. Mira qué fácil. No se puede «escupir al cielo».

Por Luis Felipe Blasco Vilches el jueves 26 enero 2017 a las 16:08:53  

pues puede ser que le estemos dando esa vidilla que buscaba… Es cierto que me plantee por esa razón no escribir este post pero si finalmente me animé es por lo que en el último párrago exppongo. Paliar el posible daño de su texto es, también, dar palabras amables a la rabia de muchos, que a veces leer o escuchar en buen tono lo que diríamos a gritos nos aplaca los ánimos, nos apacigua.

Por Marcos Luis Hernando el jueves 26 enero 2017 a las 16:13:30  

Voy a ser escueto. ¡Perfecto el tono y la forma! Comparto tu pregunta final.

Por Luis Felipe Blasco Vilches el viernes 27 enero 2017 a las 09:28:57  

gracias!

Por Moisés Fernández Martín el jueves 26 enero 2017 a las 19:35:39  

Yo leo habitualmente a Marias en su columna «la zona fantasma» y considero que de la misma manra y con la misma libertad que él escribe yo lo leo. Otra cosa bien distinta es la interpretación de los textos. En mí opinión, Javier Marías considera lo que escribe y lo tiene bien calculado. Es una de las mentes más lúcidas de nuestra literatura y, probablemente, habrá que editar una guía para leerlo. Ya vale.

Por Luis Felipe Blasco Vilches el viernes 27 enero 2017 a las 09:32:41  

No sé si habrá que editar una guía para leerlo aunque sí puede ser útil una guía para para entender adecuadamente esta columna. Yo de veras la agradecería porque de verdad no entiendo para qué la he escrito, no entiendo la agresividad con que expone su opinión. Su opinión, Dios me libre de ni siquiera insinuar lo contrario, es absolutamente respetable, pero la agresividad con que la expresa… la verdad, me cuesta encajarla.

Dejar un mensaje

  • Más entradas en el blog