Zenón Recalde

El café: desavenencias conyugales con
poca leche y sin azúcar

viernes 24 marzo 2017

Sentados en la mesa exterior de un bar, Gustavo y Talía miran cada uno a un lado. El agobio se hace patente en el ambiente.

TALÍA: Que vas a querer para tu cumpleaños?

GUSTAVO: No lo sé.

Pausa.

TALÍA: Pues piensa.

Pausa.

TALÍA: Entre que no tengo tiempo y nunca sé qué regalarte…

Pausa.

TALÍA: Eres más complicado.

Gustavo mira el menú sin mirarlo realmente.

GUSTAVO: Yo me voy a pedir un café con leche, tu qué quieres?

TALÍA: Un cortado en vaso.

GUSTAVO: Nada más?

Ella niega con la cabeza.

GUSTAVO: Algo para picar?

Ella vuelve a negar.

Pausa.

Aparece un camarero.

GUSTAVO: Para mí un café con leche…

El camarero asiente mientras apunta el pedido en una pequeña libreta.

GUSTAVO: En taza, por favor.

Vuelve a asentir, apunta nuevamente.

GUSTAVO: Y para ella un cortado, en vaso.

El camarero repite la acción. Comienza a retirarse.

TALÍA: Perdona. Para mí con más leche que café, por favor.

CAMARERO: ¿Perdón?

TALÍA: Sí, el cortado, con más leche que café.

El camarero piensa un segundo, escribe y asiente.

TALÍA: En vaso.

El camarero apunta, sonríe y se retira.

Pausa.

TALÍA: No entiendo a los camareros que tienen que apuntar todo. Hacía falta realmente tomar nota por un café y un cortado? Donde están los camareros de toda la vida…?

Pausa.

GUSTAVO: No es un cortado.

TALÍA: Que?

GUSTAVO: Me dijiste que te pidiera un cortado. Un cortado, es café con un poquito de leche.

TALÍA: Si, ¿y?

GUSTAVO: Que le has dicho al camarero “más leche que café.”

TALÍA: Sí.

GUSTAVO: Pero no es un cortado.

TALÍA: Es un cortado. Pero yo lo quiero con más leche que café.

GUSTAVO: Entonces no es un cortado.

Ella se encoge de hombros.

Pausa.

TALÍA: ¿Y por qué no es un cortado?

GUSTAVO: Porque si tiene mucha leche no es un cortado.

TALÍA: Es que no me apetece demasiado café.

GUSTAVO: Ya, pero esa no es la cuestión.

TALÍA: Ya veo, la cuestión es tocarme las narices.

GUSTAVO: Vale. Déjalo.

Pausa.

TALÍA: Si a mí me gusta, si me apetece un cortado con más leche, ¿por qué no me puedo pedir un cortado con más leche?

GUSTAVO: Porque tú no quieres un cortado, quieres otra cosa.

TALÍA: Ahora me vas a decir lo que yo quiero.

GUSTAVO: No. Lo que te estoy diciendo es que lo estás pidiendo mal.

TALÍA: Lo he pedido bien.

GUSTAVO: No, has pedido un cortado con más leche que café. Eso no es un cortado, es un “manchado”.

TALÍA: ¿Eh?

GUSTAVO: Eso es un manchado.

TALÍA: ¿Qué es un “manchado”?

GUSTAVO: Mucha leche, poco café.

TALÍA: ¿Tiene un nombre especial ahora?

GUSTAVO: Pues sí.

TALÍA: ¿Es el nombre técnico?

Gustavo resopla.

TALÍA: O sea que si yo pido un café con más leche que café, no me entienden.

GUSTAVO: ¡Si pides un cortado con más leche que café no te entienden! Es una contradicción. Escucha cuando hablo.

TALÍA: Y tú a mí, háblame bien.

GUSTAVO: Te estoy hablando bien.

Pausa.

TALÍA: (burlándose) “Es una contradicción…”. Hay tantas cosas que son una contradicción… Me voy a estresar por un café. Lo que faltaba.

GUSTAVO: No se te puede decir nada.

TALÍA: ¿A mí? ¡A mí no se me puede decir nada!!! Me tienes que corregir hasta el cortado con leche de los cojones. Tú siempre tienes que llevar la razón. En todo.

GUSTAVO: Mira, no estoy hablando de otras discusiones, céntrate en esto. Me refiero puntualmente al café, joder. El café cortado no lleva más leche que café.

TALÍA: ¿Por qué no? Porque lo digas tú?

GUSTAVO: Vale, vale.

TALÍA: ¿Ves que no podemos hablar?

GUSTAVO: Tienes razón.

TALÍA: No me des la razón como a los locos.

Silencio.

GUSTAVO: Mira, ¿sabes qué? No tienes razón. Tú, pide el café como quieras, pero que sepas que si es cortado lleva poca leche, esa es la esencia del cortado. Es café “cortado” con leche. Poca leche. Un chorrito, un poquito. Por eso se llama así. Cortado. No me lo he inventado yo. Si le pones mucha leche ya no es cortado… Es lleno de leche. Es otra cosa. Es café con leche.

TALÍA: ¿Tienes un bar ahora?

GUSTAVO: Dios…

TALÍA: ¿Y por qué no me dijo nada el camarero, si tan mal lo he pedido? Lo que pasa es que eres complicado, a todo le pones pegas…

Silencio. Gustavo se agarra la cabeza.

TALÍA: Ahora voy a tener que pedir lo que me digas tú.

GUSTAVO: Pídetele lo que quieras, pero pídelo bien. Porque después te quejas de que no te entiende la gente.

TALÍA: La gente me entiende, el que no me entiende eres tú.

GUSTAVO: Joder…

Gustavo resopla.

TALÍA: Que cansino eres.

Pausa.

GUSTAVO: (vuelve al ataque) Mira, para que te quede claro, “Cortado” con más leche que café…

TALÍA: y dale…

GUSTAVO: es como pedirse… un…

TALÍA: ¿Un qué…?

GUSTAVO: Un café con leche, pero sin leche…  un entrecot crudo, pero bien hecho…

TALÍA: ¿Que tiene que ver el entrecot…?

GUSTAVO: Quiero un coche diesel pero que lleve gasolina…

TALÍA: Ay, de verdad… se te va la olla.

GUSTAVO: Bendita la hora en que dije de salir a tomar algo…

TALÍA: Me apetece un café, con poco café y más leche. Si tomo más café después no duermo, joder. ¿Quieres que no duerma?

GUSTAVO: ¡Por qué te vas por las ramas!!!!?

TALÍA: Quieres que tenga insomnio, ¿es eso?

GUSTAVO: ¿Pero tú me escuchas cuando hablo?

TALÍA: Sí, me estás diciendo que no puedo pedir u…

GUSTAVO: ¡No!!! Lo que te estoy diciendo es… Joder, ¿porque no te pides una tila?

TALÍA: Basta…!

Pausa.

GUSTAVO: Te estoy diciendo, y acá cerramos el tema: si quieres más leche que café, no pidas cortado. ¡No es un cortado! Es un manchado, poco café, mucha leche, pero no digas “cortado”, “cortado” es justo lo contrario. Ya está. Fin de la historia.

Pausa.

TALÍA: Últimamente, todo lo que digo está mal.

GUSTAVO: Ya está la víctima…

TALÍA: Vete a la mierda.

Pausa.

TALÍA: Tenemos que discutir por un puto café cortado.

Pausa.

Ambos resoplan.

TALÍA: Y encima, cómo tardan por dos puñeteros cafés…

GUSTAVO: Estarán descifrando qué coño has pedido… Menos mal que lo apuntaron.

TALÍA le fulmina con la mirada.

Llega el camarero con los cafés.

CAMARERO: Aquí está. Café con leche en taza para usted.

GUSTAVO: Gracias.

CAMARERO: Y “cortado” con más leche para la señora. En vaso.

Talía mira su café. No se le ve convencida.

CAMARERO: ¿Está bien?

Talía lo prueba.

TALÍA: Mmm… no. Está un poco fuerte.

Gustavo resopla. No lo puede creer.

TALÍA: ¿Podría echarle más leche?

CAMARERO: ¡Claro!

TALÍA: ¿Puede ser?

CAMARERO: Sí, sí.

Gustavo mira al suelo.

TALÍA: Es que si bebo demasiado café, después no duermo. Entre la cafeína y mi marido… insomnio asegurado…

El camarero, levemente incómodo, sonríe. Mira a Gustavo.

GUSTAVO: El mío está perfecto. Exactamente lo que le pedí. Café con leche. En taza. Clavao. Se ve que me ha entendido.

TALÍA: (conteniéndose) Ohmmm.

CAMARERO: Ahora mismo le cambio el café.

TALÍA: No hace falta que me lo cambie, échele más leche nada más.

CAMARERO: No, no, se lo cambio.

TALÍA: ¿Seguro?

CAMARERO: Claro que sí. Y¡a mismo!

TALÍA: Muy amable. No vamos a discutir por un café. (TALÍA mira a GUSTAVO con cierto aire de soberbia.) Que tontería hacerse problema por un café, ¿verdad?

CAMARERO: Problema ninguno.

TALÍA: ¿Lo ves? (a Gustavo) Hablando se entiende la gente. (al camarero) Pues nada, el cortado con más leche, por favor. Sin prisa.

El camarero asiente, sonríe y se va. Pero se detiene un segundo y regresa.

CAMARERO: No se lo tome a mal, pero la próxima vez no pida cortado.

TALÍA: ¿Perdón?

CAMARERO: Usted me pidió cortado, con más leche que café, pero eso en realidad no es un cortado, es un “manchado”.

Gustavo disfruta en silencio.

TALÍA: (encantadora) ¡Ah! Perdone, no lo sabía.

CAMARERO: Casi todo leche, con un poquito de café.

TALÍA: Vale, muy amable.

CAMARERO: Le traigo un “manchado” entonces.

El camarero se va. Gustavo no dice nada. Sonríe por dentro.

TALÍA: ¿Ves cómo hay que decir las cosas? Sin herir, sin soberbias…

Gustavo la mira pero no dice nada. Esboza una sonrisa resignada.

Pausa.

TALÍA: ¿Sabes qué? La próxima vez me lo voy a pensar dos veces antes de salir a tomar café contigo…

Pausa.

TALÍA: Y piensa de una buena vez qué quieres de regalo para tu cumpleaños.

Ambos siguen mirando al infinito.

GUSTAVO: Una Nespresso.

Talía le mira.

Oscuro.

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