Papelera de reciclaje #1

martes 15 noviembre 2016

Escribe lo que quieras.

Me lo dice mi jefa Esther, con esos ojos que se gasta.  Va y me dice eso, la tía, que escriba de lo que quiera, bajo su cuenta y mi riesgo, y viceversa. Y yo, que soy tonto, me alegro mogollón, yupi y tal, puedo escribir de lo que quiera, como un niño con botas nuevas (eso era antes, ahora sería un Aipad, o un bluray de Pocoyó <como odio a Pocoyó, diosmíodemivida, cómo lo odio, ojalá Pato le sacara un día un ojo, en directo, zasca, y millones de niños con los ojos como platos, el petisuí cayéndoles por la boca, toda una generación traumatizada por un puto pato lo suficientemente valiente como para hacer lo que hay que hacer… bueno, que me desvío>).

Pero claro.

Cuando el deadline (que es la palabra inglesa para referirse a que todo escritor es más vago que el carajo y lo deja todo para el final, rezando para que le amplíen el plazo mientras mira “Narcos” y practica su pronunciación de “Ueputa”) se acerca, y te sientas ante el ordenador, y eres capaz de cerrar el feisbu un jodido minuto, y empiezas a pensar en qué escribir…. pues eso. Que tardas un minuto en preguntártelo.

Y yo de qué coño escribo.

Puedes confiar en tu talento o lo-que-sea-que-tengas y dar vueltas y vueltas escribiendo giliflauteces que no van a ninguna parte y paréntesis muy largos, igual alguna confesión criminal sobre el fatal destino de un querido personaje de animación infantil… esperando llegar a una extensión de artículo aceptable, enviarlo, y darle otra vez a Netflix que a día de hoy es lo que más te pone.

Pero eventualmente tienes que acabar diciendo algo.

Podría aprovechar la ocasión para denunciar nuevamente el criminal 21% de IVA que ahoga la cultura, abandonada siempre por la política, pero que bajo este gobierno, o no-gobierno, está siendo objeto de una persecución y desmantelamiento sistemático, pensado, calculado, y concienciado.

Podría aplaudir a todos aquellos que siguen haciendo teatro, contra viento y marea, a sotavento, a infinidad de términos marítimos que no conozco porque soy de Albacete y sólo sabemos de llanos. Y ovejas.

Podría besar en los morros a Esther (Vega, la actriz, no la jefa), a Will, a Isis, a Emilio, a María, a Irene, siempre dispuestos a subirnos a una furgoneta y cruzarnos las Españas por amor al bolo (y a Benedetti, y a la libertad, la poesía, el amor en general), porque arte cada vez veo menos en la prostitución regularizada de nuestro trabajo, que si se cobra siempre es mal y nunca pronto (como el teatro, y comunidad, que nos debe un mísero caché desde hace ya más de medio año). Y a todo el equipo que no puede acompañarnos, pero que sin ellos hace mucho que habríamos dejado la carretera, más que beso en los morros, me los llevaría a la cama de uno en uno o todos a la vez en plan orgía apocalíptica.

Podría ponerme triste y decir que tus labios me saben igual que los labios que beso en mis sueños (Sabina que suena mientras tecleo).

Podría hablar de la locura de Esther (que tiene la culpa de que os martirice con mis palabras) por pretender fundar una editorial, y además de teatro. Pero tampoco quiero quitarle la ilusión a la chiquilla, ea.

Podría recordar la oportunidad histórica que se ha perdido, que hemos perdido, de enderezar el rumbo de este país, por los tira y aflojas de unos y de otros, de sus medidas de rabo, y de su lucha por alzarse con la bandera de la izquierda, confirmando que ésta siempre ha estado formada de retazos, y que se deshilacha en cuanto sopla borrasca, dejándonos nuevamente a merced de la troupe más ladrona, corrupta y sinvergüenza ante la que nos hayamos visto. Y recordemos que hablamos de España, que de ladrones, corruptos, y sinvergüenzas sabe un rato. Y quien esté libre de pecado blablablá.

Podría volver la mirada a la tragedia, cada día que pasa más deshumanizada, de los refugiados en todo el mundo, necesitados de un niño muerto en una playa para que les veamos y les oigamos.

Podría juntar las manos y rezar (cómo me gustaría Creer, a veces) para que la nueva dirección del Teatro Español deje atrás la etapa de despropósitos, amiguismos, producciones propias egomaníacas, de su anterior director, y encauce a la vez la penosa gestión, para el teatro y su propia imagen, que Cultura ha hecho de su cese, convirtiendo en circo lo que no era sino algo lógico y de cajón. Ya puestos, recemos para que esa concejalía deje de convertir en circo todo lo que toca en cuanto a lo teatral, que llevamos varios espectáculos circenses innecesarios, que sólo hacen que los enemigos de la alcaldesa, y los tiene por doquier, se froten las manos y echen veneno por el colmillo, juas juas, se ríen, con sus corbatas de colores fosforitos y sus “Yo destapé la Trama Gürtel”.

Podría animar a todos los cómicos y saltimbanquis que nos dedicamos a esto de la cultura que la solución, si es que existe, a todo y todos los que planean destruirnos, no es buscar otros métodos, ingenios, o carreteras secundarias (llámese croufundin, MóvilesQueGrabanQueTeCagasYYaTengoUnaPelícula, Off, o Rita la Cantaora), sino luchar, pelear, al abordaje y armados de uñas y dientes y palabras, para devolver la dignidad a nuestro trabajo.

Y he ahí la cuestión, querido príncipe depresivo de Dinamarca.

Que hay mucho que se puede decir, pero también hay mucho que se dice de más. Que hablamos y hablamos y hablamos y hablamos hasta la extenuación y el agotamiento. Que decimos mucho y hacemos poco, cuando la mayoría de las veces hacemos lo que podemos. O lo que nos dejan.

Así que, como esta editorial, empecemos. Como su nombre, estamos ante el Acto Primero de una nueva obra que se escribe sobre la marcha, sin libreto ni apuntador (y, desde luego, sin subvención) y que no sabemos qué nos deparará hasta el telón final. Descubrámoslo.

Que escriba de lo que quiera, me dice.

Qué jodía.

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Comentarios sobre Papelera de reciclaje #1
Por Alvaro Hache el martes 15 noviembre 2016 a las 22:50:13  

Me suena esa foto…

Por Mario el miércoles 16 noviembre 2016 a las 15:11:04  

Es que es una gran foto

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