Papelera de reciclaje #2

viernes 02 diciembre 2016

Dear Mr Trump.

O Mr President, que imagino le gusta más porque le recuerda a la Monroe y eso se la pone dura, algo que por muchos años que cumpla siempre podrá hacer, ya que tiene el suficiente money para comprarse dos o tres farmacéuticas  que se dediquen única y exclusivamente a investigar cómo mantener su yankinito listo para la invasión. O, al menos, que se quede morcillona.

Dejémoslo en Donald, que es más cercano, más closer you know what I mean? A usted igual le recuerda a Don Draper, ídolo de féminas. Yo pienso siempre primero en el Pato. Y en el tío Gilito. Donald, le decía, no se preocupe demasiado por ese lío que le han montado a su VP (vicepresidente, que estoy enganchado a House of cards y ya me manejo todos los términos) una compañía de teatro en cierta ciudad norteamericana de cuyo nombre no logro acordarme (y que estoy demasiado vago para buscarlo en Google. Googlearlo, que se dice ya. Casi ná). Para cuando usted lea este artículo, que sé de buena tinta que es seguidor de Acto Primero, y que nos acribilla a likes, nos retuitea, nos postea, nos su puta madre, eso ya se habrá olvidado. No lo recordará usted, ni yo, ni nadie. La memoria es así de caprichosa, y de vaga. La memoria social, la histórica, la ética, prácticamente un agujero negro. Black Hole que lo flipas, Donny.

Ni siquiera la noticia cumbre de hoy (‘hoy’ cuando estoy escribiendo esto, no ‘hoy’ cuando usted lo está leyendo, sé que es difícil, piense, usted puede, acuérdese de Regreso al futuro. Perdón. Back to the future), sobre cierto fallecimiento de cierta política estrella de nuestro país, repentino, inesperado, y ciertamente conspiranoico, se recordará ya. Estaremos todos demasiado metidos ya en la Navidad, las fucking Christmas Holidays, y malgastaremos nuestro tiempo en debates absurdos sobre el anuncio de la lotería, los precios del marisco, el exceso o no de regalos a los más peques (odio esa expresión, ‘peques’; Peque era el bebé dinosaurio de la serie aquella de, oh sorpresa, ‘Dinosaurios’, una especie de Simpson Jurásicos, y el susodicho bebé era un cabroncete con todas las de la ley, que maltrataba física y psicológicamente a su padre. Así que basta con eso de ‘peque’; crío, chiquillo, nene, niño, infante. Zangalotino. Lo que sea), el gasto de las luces navideñas mientras otras personas tienen que vivir, y morir, a la tímida luz de una vela.

Así que no le dé la menor importancia.

Y si por casualidad se está dando todo lo contrario, si aquello sigue trayendo cola, si le siguen abucheando, si los periódicos le tildan de racista y misógino, si continúa siendo una broma para el mundo libre y civilizado (e Inglaterra), yo le digo, desde Madrí, donde le invito a que nos tomemos cuando quiera un relaxin cup of café con leche, le digo que se alegre. Sí. Alégrese. Be happy my friend, porque tiene un país que le recuerda constantemente que no le quiere, que no confía en usted. Que le acosa, le persigue, que le espera a la puerta de los sitios y le asalta, bú, sudto o muedte. De acuerdo, no todo el país. La mitad. Créame. Nosotros de mitades de país sabemos un rato largo.

Aquí, en el nuestro, en la sunny Spain, nos hemos olvidado durante tanto tiempo de meterles caña a nuestros políticos, que cuando hemos querido ponernos manos a la obra, a ellos ya les ha dado absolutamente igual. Shit para nosotros, oiga. Nos manifestamos, pero un poquito. Nos movilizamos, pero pocos días. Buscamos la verdad, pero un ratico de siesta que no me lo quite nadie. Aquí esperar a un político a la salida de donde sea que se haya metido, un banco o un parador o algo, es un delito; nuestro presidente es una broma fuera y dentro de nuestras fronteras y yo le animo a que le construya un muro para él solo; los medios hace tiempo que quitaron la palabra ‘objetividad’ de sus guías de estilo; y que tengamos la oportunidad de abochornar a algún político en el teatro es impensable, más que nada porque no van.

Miento. A una función en agosto de nuestro Benedetti acudió el nuevo Ministro de Cultura (invitado, claro, el 21% de 0 euros le sale tirao <de todas formas, y perdón el paréntesis dentro del paréntesis, ya ha ido a una obra más que la Concejala de Cultura, lo que tiene bemoles>), pero no avisó ni se esperó a hacerse un selfi con nosotros. Lástima, perdimos la oportunidad de mostrarle nuestro ligero desacuerdo con semejante impuesto, y sólo nos dio tiempo a recordarle la tragedia que viven cada día millones de refugiados en todo el mundo y ante la que España, que cuando quiere es más europea que nadie, hace poco o nada. Igual por eso no hubo selfi, ni #CómoMolaElTeatro en su cuenta de tuiter.

En un reciente festival internacional donde corre el vino que da gusto, premiaron un cortometraje mío, y tras el discurso de agradecimiento alguien me felicitó por mencionar lo del IVA. Yo sólo pude decirle que no entiendo cómo no es lo único que decimos, todo el rato, a quien quiera y no quiera escucharnos. Bueno, está el Feisbu, me dijo. Y es verdad. Ahí está. La red social que Zuckerberg (espero escribirlo bien, ya he dicho mi problema con googlear cosas) inventó para ligarse chatis, que nosotros usamos para promocionar nuestros trabajos (qué mal y que prostituida está esta palabra de un tiempo a esta parte), y que el resto del mundo usará para poner fotos de viajes maravillosos cuando uno no puede irse de vacaciones, o de amigos a los que quiere cantidubi, el Feisbu se ha convertido en nuestra mayor manifestación, nuestra eterna reivindicación, nuestro campo de debate y discusión, nuestro gigantesco plató de La Sexta Noche. Ahí hemos relegado, condenado, toda nuestra lucha contra lo que nos parece injusto.

Por eso paso mogollón del Tuiter, Donny. Porque manifestarte contra la injusticia en 140 caracteres me parece de una superficialidad peligrosa, a veces estúpida. A menos que seas un genio, o un poeta, lo cual también es una jodienda porque si te dan un Nobel te van a poner a caer de un quinto. Pero si te mueres, te subirán en volandas al séptimo cielo. O a lo alto de la Torre Trump. Los dos artistas que le menciono, por cierto, son judíos. No lo digo por nada. Sólo que le dé una vuelta.

Así que dé gracias que su país no sólo le odie, sino que se lo haga saber, constante y activamente. Apasionadamente. Por aquí, la pasión nos va y nos viene.

Espero que Santa Claus le traiga muchos ladrillos para ese muro suyo, y que dentro de cuatro años nos deje el mundo, al menos, igual de desastre que se lo encontró. Más ya es avaricia.

p.s.: cuando pueda páseme el contacto de sus asistentes estéticos. No por su tonalidad naranja, que yo estoy muy contento con mi blanco lechoso iniestalbeceteño, sino por su frondoso pelo. Las canas no me preocupan, me dan un toque a lo Richard Gere que me follo vivo, pero me estoy viendo unas entradas que no me gustan un pelo. ¿Lo pilla? Un pelo. No. No lo pilla.

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